La muerte de un hijo, aunque no haya llegado a nacer, es sin duda uno de los golpes más duros que puede asestar la vida. Supone además un duelo invisible para las madres debido al gran tabú social que hay sobre este asunto: no se habla de ello, se evita o se desconoce cómo abordarlo y cómo acompañar.

El impacto emocional de una pérdida perinatal a menudo es minimizado o incluso menospreciado social y médicamente. Pero está ahí, y deja su huella, una que a menudo se hace más patente cuando de nuevo nos quedamos embarazadas. Miedos y emociones negativas pueden hacer acto de presencia y enturbiar esta nueva etapa. 

La cuestión es que todos estos miedos pueden acabar traduciéndose en ansiedad, de ahí que merezca tanto la pena abordarlos de manera que consigamos neutralizarlos.

Pero, ¿Qué podemos hacer frente a estos miedos?

Si a pesar de todo notas que tienes ansiedad, que te cuesta manejar la situación, acude a un profesional que te oriente. Recuerda, no eres la única y seguro encuentras quien pueda brindarte ayuda. ¡No estás sola! Aquí estamos para ti.