Sentimientos y emociones que predominan en el duelo

Sentimientos y emociones que predominan en el duelo

Siempre existen un mar de emociones y sentimientos, generalmente son negativas. Y suelen ser: la tristeza, el enojo, la impotencia, angustia, miedo, entre otras. Cada emoción es única y diferente, aunque no lo parezca las emociones tienen un propósito que nos ayudan a motivar. Las emociones predominantes en duelo son:

El miedo: el miedo del duelo, es un miedo al abandono, al sentirse solitario sin la compañía del ser amado, lo cual trae confusión y una sensación de inseguridad para enfrentar la vida sin esa presencia física. El miedo no es malo, pues nuestro cerebro nos está tratando de alertar y proteger ante un nuevo cambio en nuestra vida, la única manera de enfrentar el miedo en el duelo es transitándolo, a pesar de la angustia que pueda generar.

Nuestra tarea en el duelo aprender a conectar con el amor de nuestro ser amado de una manera diferente, recuerda que el amor sigue intacto, ahora de una manera intangible, pero real y profunda. En este proceso de paciencia y amor, nuestro cerebro comprenderá que no hay nada que temer, que tienes la capacidad de ser resiliente y la capacidad de amar sobre todos los cambios que en la vida pueda suceder. Las perdidas nos recuerdan que, aunque no podamos ver o tocar, si podemos sentir y escuchar con el alma los mensajes de amor que ahora la vida y el cielo tiene para ti.

¿Cómo utilizar el miedo a nuestro favor?

  • El miedo nos puede ayudar a prepararnos para vivir sin esa persona y aceptar su ausencia a nuestro propio ritmo.
  • Puede aumentar nuestra conexión con el amor, el miedo se disolverá y descubriremos la grandeza que hay en nosotros.
  • Es fundamental para la supervivencia porque nos permite identificar y anticipar el peligro, entonces nos lleva a cuidarnos.
  • También, nos puede motivar a cambiar hábitos de vida y a tomar precauciones para evitar problemas futuros.

La ansiedad y la angustia: es muy común también en el duelo, nos produce dificultades para dormir, dolores de cabeza y musculares, nos sentimos inquietos y preocupados constantemente, y en algunos casos puede producir palpitaciones y dificultad para respirar, lo cual es una señal para pedir ayuda.

Cuando sufrimos una pérdida significativa en nuestras vidas ocurren cambios, los cambios implican incertidumbre y esto produce miedo, por eso esta emoción aparece intensamente en los procesos de duelo junto con la tristeza.

¿Cómo gestionar la ansiedad en el duelo?

  • Hablando o escribiendo sobre las cosas que nos están molestando. Incluso si no estamos seguros de lo que nos está molestando, encontrar las palabras para esos sentimientos a menudo ayuda a determinar la causa de nuestra ansiedad.
  • Haciéndonos cargo de lo que podamos. Hacer planes para ocuparnos de las actividades diarias ayuda a aliviar la preocupación y la ansiedad que surgen de una sensación de inseguridad por un duelo. No obstante, debemos resistir la tentación de tomar decisiones importantes con gran impacto en nuestras vidas cuando estemos ansiosos o preocupados.
  • Pidiendo consuelo. Es posible que necesitemos compañía y ayuda hasta que nos sintamos menos ansiosos o preocupados. Pidiéndole a alguien en quien confiemos que permanezca a nuestro lado. Esto no es una señal de debilidad: es una señal de que reconocemos nuestra necesidad, y de que nos estamos ocupando bien de nosotros mismo.

La tristeza profunda: uno de los sentimientos más frecuentes del ser humano; es muy fácil ponernos triste casi por cualquier motivo, desde el ver una película romántica hasta lo más grave como el perder a un ser querido. El derramar lágrimas o llanto es normal ya que refleja que estamos vivos y nos motiva a pedir ayuda y apoyo de los demás. La tristeza nos lleva a aislarnos, lo que nos permite entrar en contacto con nosotros mismos permitiéndonos experimentar el dolor y el sufrimiento que genera la pérdida de un ser querido. Por otro lado, nos ayuda a generar vínculos; todos nos hemos sentido preocupados por alguien que está triste y nos movemos a ayudar como podamos. Nos ayuda a reconocer la importancia de nuestra relación con la persona fallecida, de ella se desprenden la aflicción y el dolor.

Lo que muchas veces nos lleva a decir que estamos “deprimidos”. Esto puede alterar el sueño y el apetito. Nos puede producir sensaciones extrañas en el cuerpo, algunas personas la describen como “un dolor en el corazón” o “una presión en la boca del estómago”. Es posible que estando tristes veamos todo negativo, el futuro no es claro y el panorama parece negro, lo importante es que esta sensación es transitoria, es parte del proceso.

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¿Cómo enfrentar la tristeza profunda? Pasos a seguir.

  • Perdónate. Perdonarnos por las cosas de las cuales nos arrepentimos haber hecho o dicho a nuestro ser querido. También perdonarnos por lasque nos arrepentimos no haber hecho o dicho. 
  • Permítete experimentar el dolor de la pérdida.  Aunque sea muy doloroso, el duelo es natural y saludable. A veces, algunas personas se sienten culpables sobre cómo se sienten y piensan que deberían “superarlo”. Permítete hacer el duelo y experimentar en forma plena tus sentimientos, como la conmoción, la tristeza, la furia y la soledad. No te juzgues por ningún sentimiento que tengas, incluso si crees que no deberías sentirlos.
  • Sé paciente. Permite que tu duelo salga a un ritmo que sea natural para ti. No te juzgues ni te critiques por no sobrellevar el dolor tan bien o por no sanar tan rápido como tú piensas que deberías.
  • Habla con otros. Hablar de tu pérdida y de tu dolor con otros puede ayudar a procesar y liberar tus sentimientos. Haz saber a tus familiares y amigos que puede ayudar que tú compartas tus sentimientos con ellos.  Asegúrales que no esperas que ellos tengan respuestas; solo que esperas que ellos puedan escucharte.
  • Tómate un descanso del duelo. Es saludable tomarnos descansos del duelo realizando actividades placenteras e interactuando con familiares y amigos que nos apoyan. Siempre serán necesarios los descansos del dolor del duelo.

La ira y el enojo: son sentimientos que se caracterizan por el aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea. Es natural que una persona que tiene enojo o ira pueda tener expresiones faciales muy notables, incluso un lenguaje corporal como manera de expresar ese enfado. Nos puede generar cansancio, dolor de cabeza y muscular e incluso podemos sentir que el mundo está en nuestra contra y todo sale mal, pero es esto precisamente lo que nos lleva a hacer cambios fundamentales en nuestra vida para sobreponernos al duelo.

El enojo es la emoción que nos hace reaccionar ante las situaciones injustas y una pérdida significativa puede percibirse como tal, por lo que es muy común en el proceso de duelo. Estas emociones nos ayudan a cuidar, proteger y defender el momento del duelo que estamos viviendo, reconociendo nuestra vulnerabilidad, también nos da la capacidad de decir que no, permitiéndonos establecer límites necesarios para nosotros mismos y para los demás. Una de las funciones de la ira es que nos motiva a luchar contra los errores, la injusticia y poner límites.

En el duelo podemos utilizas las emociones de la ira y el enojo a nuestro favor, transformándolas en coraje para afrontar el presente, para comenzar a vivir con propósito, para comenzar a trabajar en los sueños estancados, como una manera de honrar con nuestra vida a nuestros seres amados que han partido.

El desagrado: ¿Alguna vez han sentido fastidio cuando otros intentan darte palabras de aliento? Pues ahí está actuando esta emoción que tiene varios nombres: disgusto, asco o desagrado, y esto en el duelo no ocurre porque esa persona que intenta animarnos sea mala, sino porque es un momento en el que nos sentimos mal y vemos todo negro. Es totalmente normal.

Esta emoción es importante porque nos protege, su función particular en el duelo es protegerlo, cuidar que realmente vivamos la experiencia de validar el dolor y el sufrimiento; que evitemos las relaciones sociales que no queremos, por eso cuando nos dicen frases como “no estés triste” y otras que hacen parte de las falsas creencias sobre el duelo sentimos fastidio, nos queremos alejar y hasta nos puede dar rabia con esa persona.

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¿Cómo encontrar a tu persona medicina o vitamina en el duelo?

Identificando quienes son esas personas que se acercan a nosotros. Si es con la intención de ayudarnos, o si es solo para reclamarnos y juzgarnos. Aquellas que se preocupan por nosotros, que aunque a veces no tienen mucho que decir, nos hacen saber que podemos contar con ellos, esas que siempre están allí para escucharnos o darnos un abrazo cada vez que lo necesitamos, y con la que sentimos empatía, la que siempre tiene las palabras correctas para animarnos y hacernos sentir mejor.

La alegría: La alegría es una emoción que se experimenta de forma extraña en el proceso de duelo, algunas veces puede producir culpa por la idea de que el sufrimiento anula las emociones que producen bienestar. Sin embargo, esta emoción es la que nos permite sentir paz y tranquilidad ante la pérdida, ya que nos lleva a reconocer el lugar que nosotros ocupamos en la vida de esa persona que ya no está.

¿Cómo gestionar la alegría en el duelo?

Aunque la alegría no sea un sentimiento común en un duelo, también es una emoción por la cual el ser humano trabaja todos los días y por supuesto no se puede dejar por fuera. La alegría es uno de los mejores sentimientos que cualquier persona podría tener, ya que refleja felicidad, armonía y paz. Sin duda alguna el ser humano enfrenta diversas emociones día a día, cada una de ellas nos demuestra que estamos vivos y dispuestos a enfrentarlas de la mejor manera posible. Aunque en ocasiones como el duelo se muestre difícil de superar, es normal no sentirnos alegres cuando pasamos por un duelo. Pero debemos tratar de hallar la felicidad, a nuestro propio ritmo y tiempo. Sin apresurarnos ni presionarnos por estar alegres por algún motivo. En algún momento la empezaremos a sentir, pensando o haciendo cosas desde el amor que sentimos y ese que nos brindo nuestro ser querido fallecido.

La desesperanza:

Es acá cuando empezamos a tomar conciencia de que nuestro ser querido no volverá, aún así, muchas personas “sienten la presencia” de su familiar fallecido, sobre todo en momentos de somnolencia o relajación. Este momento se caracteriza por la sensación de desorganización al no estar presente ese ser querido. Por ello, es habitual experimentar apatía, tristeza, desinterés, o incluso una tendencia a abandonarnos y a romper los esquemas de nuestro estilo de vida personal habitual. Algunas personas sienten también el impulso de llevar a cabo cambios radicales en su vida (casa, trabajo, mobiliario, localidad de residencia) o en sus relaciones personales o familiares. Pero es mejor dejarlo para más adelante.

En esta fase tomamos conciencia real de lo sucedido. El sentimiento profundo de tristeza nos acompaña la mayor parte del tiempo y nos emocionamos con mucha facilidad. Es habitual experimentar apatía, tristeza, desinterés o incluso cierta tendencia a abandonarnos y a romper con el estilo de vida habitual.

La confusión.

En los primeros momentos del duelo podemos encontrarnos en un estado de desconcierto, confusión o indiferencia a aspectos importantes como la familia y amigos., sintiendo como si nuestras emociones estuvieran anestesiadas o fluctuaran de un estado a otro. Es muy frecuente tener sentimientos de irrealidad o de incredulidad, por los momentos olvidamos la realidad y hacemos cuenta que nada ha pasado, sintiendo como que si lo que estuviéramos viviendo fuera irreal o imposible. Se trata de un estado protector frente a la amenaza del gran dolor por la pérdida. Esto puede durar horas o días y sirve para asimilar la información recibida.

La bondad.

Es muy importante ser bondadoso con alguien que este atravesando un duelo, ya que este se encuentra viviendo un mar de sufrimiento y angustias. Mostrar empatía con esa persona que está pasando por este duro momento, a través de nuestras acciones, le hará más llevadero su proceso.

La culpa

En el duelo es muy común tener este sentimiento, pero ¿Por qué nos pasa esto? Esto suele suceder cuando sentimos que hicimos algo que pensamos que no debíamos haber hecho, o a la inversa, no hicimos algo que creíamos que debimos haber hecho. Y ahora nos sentimos mal, pudiendo ser todo esto algo real o imaginario.

Todos deseamos evitar el sentimiento de culpabilidad, pues es un sentimiento que nos lleva con facilidad a la tristeza, la vergüenza, la autocompasión, los remordimientos, provocando una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal.

Pero, ¿Tiene algo de positivo la culpa? ¿O es absolutamente negativo sentirla?

Como consecuencia de no querer experimentar lo anterior, se produce un proceso de auto aprendizaje y evitación de lo que nos llevó a ello anteriormente, por ejemplo, si lastimar a alguien nos produjo un sentimiento de culpa, dicho sentimiento a su vez nos enseñará a no desear lastimar nuevamente a nadie, encontrando aquí un factor positivo propio de las emociones.

A su vez la culpa es muy dañina, si nos juzgamos, nos señalamos como culpables y nos quedamos anclados en esa emoción, sin actuar, puede llegar a arrastrarnos hasta lo más profundo del pozo, hasta llevarnos a una depresión donde nos espera un malestar emocional y físico ilimitado. Determina lo que depende de ti y lo que es responsabilidad de los demás. Lo que esta, y lo que no, bajo tu control.

La culpa no debe quedarse para siempre en nosotros. Debemos tener un proceso de reflexión que nos permita olvidarla, que entendamos que hemos aprendido algo de ello, que podemos emprender acciones de reparación si es posible, que en definitiva seguimos avanzando siendo mejores personas.

La gratitud

La gratitud y el duelo van de la mano. La vida está llena de pérdidas, grandes y pequeñas. Afligirnos es el proceso saludable que Dios nos dio para aprender y crecer a través de ellas. Además de ser uno de los componentes que nos generan felicidad porque nos permite apreciar que nuestra vida es buena.

También debemos saber lo difícil que puede ser para alguien experimentar gratitud cuando su corazón se ha roto en pedazos por la falta de un hijo/a, un hermano/a, un padre, una madre o una amistad muy querida.

Es decir, el duelo no es algo negativo que hay que evitar, ni tampoco es un estado permanente de tristeza. De hecho la gratitud y el dolor pueden coexistir. Son emociones complementarias, no opuestas. Se puede estar agradecido por lo que se tiene y a la vez estar triste por la pérdida que se tuvo.

Entonces ¿Podemos recomendar a alguien en duelo, que sea agradecido? El agradecimiento ayuda, pero no es un tip para eliminar el dolor.

Si lo que deseas es ayudar, evita aconsejar con comentarios como “deberías estar agradecido y dejar de pensar en lo que perdiste. Mejor enfócate en lo que tienes”. Comentarios así son agresivos y poco empáticos. Además están muy lejos de ayudar y dar aliento a quien esta devastado por una perdida.

Aun así, en medio del duelo, siempre hay espacio para la gratitud, cuando la buscamos. Cuando estemos preparados, solo podremos agradecer al cielo por el amor y el tiempo vivido con ese ser querido que ya no está físicamente con nosotros.

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Conclusión

Cuando atravesamos un proceso de duelo nuestro pensamiento gira en torno al ser querido que falleció y cuando logramos vernos a nosotros mismos en la relación con esa persona es cuando empezamos a transformar el dolor en amor y a darle sentido a la vida y la muerte, nuestro pensamiento comienza a enfocarse en nosotros, lo cual nos permite ver a futuro, hacer planes y por tanto, continuar con nuestra vida aceptando la pérdida, por eso es una emoción tan valiosa e importante en el proceso de duelo.

En los procesos de duelo particularmente, las emociones son protagonistas, ya que tienen la función de llevarnos a asimilar y gestionar el sufrimiento y los cambios provocados por las pérdidas, logrando que transformemos los recuerdos que tenemos de la persona, y que estos no se pierdan en el tiempo.

Cada una de las distintas emociones que sintamos durante el proceso de duelo, debemos darnos el permiso de sentirlas y vivirlas, sin rechazarlas ni reprimirlas, ya que esto nos permitirá transitar un duelo más sano.

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Hulda Tovar

Tanatóloga
Mentora de Duelo

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Soy Hulda Tovar

Mentor de tanatología y mindfulness en procesos de duelo.

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