La Neurociencia demuestra que siempre es posible cambiar. Sin embargo, una de las mayores dificultades que tenemos las personas a la hora de modificar actitudes y hábitos para mejorar nuestra vida y nuestras relaciones, está en el miedo instintivo que sentimos hacia el cambio. Muchas veces, consciente o inconscientemente, ocultamos este miedo bajo la creencia de que ya es demasiado tarde para cambiar, o que nosotros no podemos ser de otra manera, o incluso que es el resto del mundo quien debe cambiar.
Desde la perspectiva de la neurociencia, nos muestra que siempre es posible efectuar cambios si tomamos la decisión y el compromiso de hacerlo. Nos habla sobre cómo operan los pensamientos que albergamos en nuestra mente y como nos generan unos determinados estados emocionales que nos pueden hacer sentir felices o infelices, ya su vez como éstos van a producir unas reacciones químicas en nuestro cuerpo que podrán fortalecerlo o enfermarlo.
Existen diversas investigaciones y estudios que demuestran que nuestro cerebro, nuestra mente, necesita un mínimo de 21 días para instalar nuevos hábitos, es decir para crear nuevas conexiones neuronales. Por tanto, la cuestión es ir desarrollando ese hábito durante esos primeros 21 ó 30 días.
Período, en realidad, bien corto y asumible para quien lleva años de sufrimiento, o para quien desea vivir feliz el resto de su vida. Somos seres humanos física y químicamente emocionales, no es nada malo, solo se convierte en una limitación cuando no hacemos más que acceder a las mismas emociones y actitudes todos los días, sin ir a ningún sitio en términos de cambiar o de evolucionar en nuestra vida. .
Y también demuestra que, cuando interrumpimos de forma duradera un determinado proceso de pensamiento que provoca una reacción química en el cuerpo, las neuronas responsables de sostener dicho pensamiento comienzan también a romper la conexión que tenían. Por tanto, si nos proponemos y nos comprometemos en cambiar ciertos pensamientos, hábitos o comportamientos que nos hacen infelices, por otros que nos producen mayor bienestar y felicidad, estaremos también transformando de forma permanente las conexiones neuronales que a su vez producirán esos cambios fisiológicos necesarios. para mejorar nuestra vida.
En realidad, todas estas creencias son las coartadas con las que nuestra mente nos defiende de cualquier cambio que nos pueda sacar de nuestra zona de confort.
El duelo es el conjunto de reacciones físicas, emocionales y sociales que se producen por la pérdida de un ser querido. Es un proceso natural y necesario para sanar el dolor y adaptarse a la nueva realidad, pero en algunos casos puede complicarse y durar más de lo normal, causando sufrimiento e interferencia en la vida cotidiana.
La neurociencia del duelo estudia cómo el cerebro procesa y regula las emociones negativas que se generan por la pérdida, y cómo estos afectan al funcionamiento cognitivo, conductual y fisiológico del individuo. Algunos hallazgos de la neurociencia del duelo son los siguientes:
- El cerebro activa las mismas áreas para el dolor físico y el dolor emocional, lo que indica que ambos tipos de dolor son igualmente reales e intensos.
- El duelo implica cambios en la actividad cerebral de regiones relacionadas con el apego, la memoria, el control ejecutivo, la regulación emocional y el estrés.
- El duelo puede alterar el sistema inmunológico, hormonal y cardiovascular, aumentando el riesgo de enfermedades e incluso de mortalidad.
- El duelo puede afectar al aprendizaje, la memoria, la atención y la toma de decisiones, dificultando el desempeño diario y la adaptación a la nueva situación.
- El duelo puede ser considerado un proceso de aprendizaje, en el que el cerebro debe reorganizar su realidad y sus recuerdos para aceptar la pérdida y seguir adelante. Así que ya no hay excusas, el cambio siempre es posible, y todos podemos cambiar. Te invitamos y te reto a que decidas mejorar la calidad de tus pensamientos para que mejore también la calidad de tu vida.





