Nuestros pensamientos son una parte importante de cómo experimentamos el duelo. A veces, nuestros pensamientos pueden ser irracionales, catastróficos o autodestructivos. Es importante reconocer estos pensamientos, pero no juzgarte por ellos. Es posible cambiar estos pensamientos con prácticas de mindfulness, como la meditación, o con terapia, si lo consideras necesario.

Nuestros pensamientos pueden reforzar el duelo o ayudarnos a superarlo. Por ejemplo, los pensamientos negativos, como «Nunca seré feliz otra vez» o «Este dolor nunca va a acabar», pueden prolongar la dificultad en el proceso de duelo.

En cambio, al tener pensamientos positivos, como «He aprendido mucho a través de este duelo» o «Soy fuerte y podré superar esto», puedes darte cuenta de lo mucho que has crecido y aprendido a través del proceso de duelo, que te ha hecho más fuerte y resiliente.

A medida que avanzas en el proceso del duelo, tu mente puede ayudarte a ver la tragedia con una nueva perspectiva. En lugar de sentirte como una víctima, puedes empezar a ver la tragedia como un reto a superar.

 

Canalizar tus pensamientos hacia el bienestar puede ser un proceso poderoso. Aquí te dejo algunos consejos:

 

 

El hecho de pensar por pensar puede ser algo completamente normal y natural, pero si empiezas a darte cuenta de que tus pensamientos son intrusivos, perturbadores, o abrumadores, puedes empezar a establecer medidas para establecer un equilibrio. Puedes decidir no ponerles atención a estos pensamientos cuando aparecen y ser consciente de ellos, pero sin hacerlos la prioridad.

¿Alguna vez has sentido que tus pensamientos influyen directamente en tus emociones y tus acciones? ¿En algún momento te has sentido incapaz de controlar tus pensamientos o de hacerlos callar cuando no quieres pensar en ellos? A esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de un desequilibrio mental en relación a los pensamientos; cuando estos nos dominan y no somos capaces de entenderlos, organizarlos o racionarlos.

Algunos expertos se han referido a los pensamientos como los arquitectos invisibles de nuestra realidad emocional. A menudo subestimados, tienen un poderoso impacto en cómo nos sentimos y en cómo respondemos a las circunstancias de la vida. Imagina que tus pensamientos son como semillas plantadas en un jardín mental, y que las cosechas son las emociones y acciones resultadas de estas. Entender esta conexión es el primer paso para lograr un equilibrio mental más sólido y estable.

Nuestros pensamientos desempeñan un papel fundamental en nuestro estado emocional y en cómo podemos cultivar un equilibrio mental a través de la comprensión y gestión de nuestros patrones de pensamiento.

Si uno se centra en pensamientos negativos, como «No puedo hacerlo», «Lo voy a hacer mal», o «Todo es un desastre», esto puede tener un impacto negativo sobre tu estado de ánimo y bienestar.

Una de las mejores maneras de canalizar tus pensamientos para el bienestar es la pregunta «¿Estoy centrado en la situación o en la solución?». Al entrenarte a centrarte en soluciones en vez de en problemas, te ayudarás a mantener una mente más positiva y resiliente, a pesar de las dificultades. El proceso de pensar en soluciones es una habilidad, como cualquier otra. Es algo que se puede practicar y desarrollar. Al hacerlo, te conviertes en una persona más resiliente, segura y fuerte en el camino del duelo.