Cuando falleció mi hijo, sentí que era mi culpa, que yo era la peor mamá del mundo, que yo debería morir y no él, recreaba mil veces en mi mente como hubiera podido salvarlo, eso me llenaba de estrés, ansiedad y pensamientos de muerte, no le encontraba sentido a la vida, sólo quería dormir y no despertar jamás.
Mi mente quería volver al pasado y cambiar la dinámica de la historia, encontrar posibilidades para impedir su partida una y otra vez, pasé tanto tiempo en esta culpa y negación excesiva que mi mente enfermó por completo, porque no había descanso para mi mente, día y noche estaba buscando una solución para el pasado irreversible.
Fui diagnosticada con depresión severa, por ello tuve un medicamento recetado por un profesional de la salud mental, durante un razonable tiempo para compensar los químicos en mi cerebro, al terminar el tratamiento pude prescindir de ellos según las recomendaciones médicas.

En una de tantas consultas con mi Psiquiatra pude comprender que mi esfuerzo mental era en vano, que todo lo que yo había hecho en vida por mi hijo, siempre fue desde el amor, que todo mi cuidado y protección siempre fue para él. Desde que Emmanuel nació, hasta después de mi terapia tuve mucho tiempo para reflexionar, una tarde caminando en un parque mi mente reflexionó sobre lo que yo había sido para mi hijo y lo que él había sido para mí, y siempre fue: amor, valentía y alegría.
Comencé a hacer las terapias de sustitución de pensamientos a diario (A veces era agotador), cada vez que venían pensamientos de culpa a mi mente, yo me decía a misma: “todo lo que hice fue amarlo y protegerlo, fui una excelente mamá, fui la mejor mamá para mi hijo, siempre hubo amor en mi corazón”… y así seguí trabajando en cada pensamiento de realidad y de amor en mi duelo.
Cada vez más fui conectando con la esencia del amor de mi hijo, hoy puedo sentir que ciertamente él y yo somos uno en amor, nunca se fue esa esencia, solamente cambió de espacio físico.
Hoy puedo ver el amor de mi hijo en todas partes y en el milagro de una nueva oportunidad en mi vida como mamá.
Si actualmente estás en un proceso de duelo por la partida de un ser amado, te quiero recordar con todo mi corazón una verdad que tu alma lo sabe muy bien:
- Fuiste la mejor madre.
- Fuiste La mejor hija.
- Fuiste el mejor esposo.
- Todo lo hiciste desde el amor.
Durante tu duelo, vive cada emoción, sin juzgarla, pero una vez que abraces cada emoción, dale todo el poder al amor en tu vida, porque donde hay amor todo miedo y toda culpa se disipa. Donde hay amor, hay paz, donde hay paz, está Dios.
El Amor nunca muere.
El dolor compartido es dolor disminuido, date la oportunidad de pertenecer a una red de apoyo en este momento difícil, únete a nuestro grupo de apoyo al duelo vía telegram aquí: https://t.me/apoyoalduelo





