Nuestra niña o niño interior herido puede llegar a dominar nuestra vida por completo desde su vacío y dependencia emocional, su inseguridad, sus reacciones emocionales automáticas, sus miedos, su necesidad de control, sus adicciones, etc.
¿Cómo saber si nuestro niño(a) interior herido aún domina nuestra vida?
¿Cómo saber el grado de Herida Primaria que tenemos aún hoy en día?
Para poder responder a estas dos preguntas necesitaremos revisarnos y mirarnos. Cómo actuamos hoy, cómo nos sentimos hoy, cómo gestionamos nuestras propias emociones hoy, cómo sostenemos las emociones de los demás (especialmente si tenemos hijos), cómo resolvemos los conflictos en nuestra vida, cómo nos afecta lo que los demás digan de nosotros, cómo juzgamos, criticamos o nos quejamos… La persona en la que nos hemos convertido (o nos estamos convirtiendo) nos confirmará si nuestro niño(a) interior aún está herido emocionalmente, psíquicamente, intelectualmente o espiritualmente. Si aún está desesperado(a) y abandonado(a).
¿Cómo saber si estamos actuando y reaccionando desde el niño(a) interior herido(a) o desde el adulto o adulta?
Cuando actuamos desde el niño(a) interior herido(a) solemos hacer o decir cosas de las cuales luego nos arrepentimos… No hay control, no estamos decidiendo lo que hacemos y decimos, sino que actuamos de forma compulsiva e impulsiva. Reaccionamos de forma automática y en muchas ocasiones de forma descontrolada y desproporcionada contra las personas equivocadas y más vulnerables: nuestros propios hijos, por ejemplo. Nos solemos sentir mal internamente, no vemos ni sentimos al otro. Estamos inconscientemente pendientes de nuestras necesidades sin poder tener en cuenta las del otro. Estamos buscando la aprobación y la mirada del otro, pero de forma desplazada desesperada y en ocasiones de forma violenta.
Los 10 pasos para sanar nuestra Herida Primaria son:
- La toma de conciencia: Saber que aquello que nos pasó siendo niños, nos afecta siendo adultos. Para poder comprender qué nos pasa hoy, necesitamos saber qué nos pasó siendo niños. Lo que tuvimos que reprimir y anestesiar siendo niños se nos actualizará y saldrá siendo adultos.
- Nombrar los hechos y emociones: nuestra identidad se construye a partir de lo que ha sido nombrado. Dar voz a la realidad infantil del niño o niña que fuimos, es urgente y vital.
- Aceptar y no negar ni minimizar: Aceptar que nuestras necesidades no pudieron ser satisfechas como legítimamente esperábamos y que no fuimos amados cómo verdaderamente necesitábamos. Aceptar esta verdad puede hacer tanto daño que muchas personas no podrán empezar un proceso personal de indagación.
- Validar las emociones y necesidades: Legitimar las necesidades no satisfechas y las emociones reprimidas del niño o niña que fuimos es vital para que nuestro niño(a) interior pueda confiar en nosotros ahora que somos adultos. Necesita un aliado que le de apoyo para superar su abandono emocional. La confianza es vital para poder sanar el dolor original. Nuestro niño(a) interior sólo nos tiene a nosotros hoy, ahora.
- Revisar el grado de soledad: Ver el grado de soledad que tuvimos en nuestra infancia. No teníamos a nadie a quien acudir ni en quien confiar. Los sentimientos más profundos de dolor son la soledad y la vergüenza. Estábamos avergonzadas por el abandono emocional de nuestros padres como si no mereciéramos su amor, o su mirada, o su presencia. Esa vergüenza conduce a la soledad. Si hubiésemos tenido la certeza de que importábamos a alguien no hubiésemos estado tan solos, tendríamos a quien acudir y en quien confiar. Si no tuvimos a quien acudir es porque nos sentíamos solos e inseguros. Si nos sentimos solos e inseguros es porque nadie nos dio la suficiente seguridad.
- Nuestro sentimiento de culpa o remordimiento: Ayudar a nuestro niño(a) interior a ver y sentir que no había nada que él o ella pudiera haber hecho diferente, que nada fue su responsabilidad ni su culpa, que su dolor proviene de lo que le pasó y de lo que le hicieron y de todo eso que le faltó.
- Permitirnos sentir enfado, odio o ira: Es normal, necesario y totalmente legítimo sentir y expresar rabia, odio, frustración o estar enfadados cuando se siente el maltrato en nuestras entrañas, cuando sentimos el control, el abuso, la soledad, la pena o la falta de mirada. Lo antinatural fue tener que negarlo, silenciarlo, reprimirlo y anestesiarnos para dejar de sentirlo.
- Permitirnos sentir tristeza y pena: Después de la ira suele venir una profunda tristeza o una gran pena por todo lo que ahora sabemos y sentimos. Nos hubiese gustado que todo fuera de otra manera. La toma de conciencia nos duele en el alma y en el corazón del niño que fuimos. Sentir su dolor, su desespero y sobre todo su soledad nos ayudará a sanarlo y liberarlo de nuestro interior dejará de necesitar manifestarse a través de nuestra vida en forma de gritos, enfado, depresión, tristeza, control, miedo e inseguridades y dudas.
- Transformación y responsabilidad: Cuando nos responsabilizamos de nuestro niño(a) interior y nos hacemos cargo de todo lo que sabemos y sentimos sobre él o ella, entonces, podremos empezar el proceso de transformación y cambio. Sanar la Herida Primaria es transformar lo que hasta ahora hemos hecho con todo eso que nos pasó: solemos huir, estar en el hacer, no podemos estar presentes, gritamos, pegamos, ordenamos, limitamos, controlamos, exigimos… ¿Quieres seguir allí? No, ¿Verdad? La toma de conciencia inicial pasa a ser parte activa en el proceso ahora. Necesitamos tomar decisiones conscientes aquí y ahora y responsabilizarnos de ellas hoy. Ya comprendemos y sabemos el porqué de muchas de nuestras actitudes, ahora debemos hacer algo al respecto.
- Comprender la realidad de nuestros padres: El último paso sería comprender la realidad emocional de nuestros padres. Esto no significa explícitamente tener que perdonar, justificar o defenderlos. Hay hechos, experiencias o palabras que no podremos perdonar y eso es totalmente valido. Lo vital es comprender que, si no nos pudieron dar, ni satisfacer, ni amar como necesitábamos es porque no pudieron. No eligieron no darnos (una madre no suele decidir no dar, simplemente no puede dar o no tiene suficiente para dar). No es porque no mereciéramos, quizás nos lo dieron todo, quizás nos dieron todo lo que tenían para dar, pero ese “todo” no era lo que legítimamente merecíamos, ni mucho menos, necesitábamos. Por tanto, no obtuvimos lo necesario. Eso es lo verdaderamente importante y lo que necesita ser sanado. Quizás hubo mucha violencia por parte de mamá y papá. Esa furia que descargaban sobre nosotras tampoco era por nuestra culpa sino por la rabia y odio que ellos llevaban dentro y que finalmente pudo salir contra alguien más vulnerable. La cadena se repitió. La Herida Primaria es todo lo que nos faltó y todo lo hostil que nos pasó. Nada fue nuestra responsabilidad. Sentir compasión y poder perdonar es posible pero no vital para sanarnos. Hay personas muy sanas aún sin haber perdonado un abuso sexual o sin perdonar una humillación. Podemos llegar a comprender por qué alguien tan importante en nuestra vida como mamá o papá nos abusaron, nos insultaron, nos pegaron, nos castigaron, nos despreciaron, nos sometieron, nos olvidaron o nos abandonaron. Comprender nos libera y en muchas ocasiones, esa comprensión nos lleva al perdón, pero no siempre es así ni tiene porque ser así. Hay quienes han necesitado poner distancia entre sus padres (especialmente con mamá) o incluso dejar de verlos por un tiempo o para siempre. Hay quienes han mejorado sus relaciones espectacularmente. Todo está “bien” y todo es legítimo y valido. Tener que perdonar algo imperdonable, para nosotros, nos puede encadenar de por vida. No somos responsables de lo que un adulto nos hizo siendo niños. El adulto siempre es responsable, el niño es simplemente la víctima.

Los 10 principales beneficios de sanar nuestro niño interior:
1. Podrás conectar, sentir y maternal a tu niña-o interior y hacerte cargo de él o ella.
2. Podrás llegar a ser quien realmente viniste a ser.
3. Podrás reconectar con tus verdaderos talentos y pasiones.
4. Podrás convertirte en la madre-padre que tus hijos necesitan.
5. Podrás empezar a dar (a tus hijos o próxima generación) lo que tú no tuviste.
6. Podrás mejorar tu relación de pareja.
7. Dejarás de tener tantas reacciones emocionales automáticas.
8. Empezarás a sentir paz interna.
9. Podrás resolver algunos problemas con la comida, la tecnología, adicciones.
10. Podrás tomar nuevas decisiones conscientes y ponerte en acción para empezar a transformar tu vida.
Las 10 principales consecuencias de no sanar a Nuestro Niño(a) Interior Herido(a). Es urgente sanar para evitar:
- Que siga dominando tu vida a través de sus reacciones emocionales automáticas, inseguridades y miedos.
- Qué sigas necesitando llenar ese vacío emocional con comida, alcohol, cigarrillos, redes sociales, trabajo.
- Que sigas dependiendo emocionalmente tanto de tu madre o de tu pareja.
- Qué sigas necesitando de la aprobación de los demás.
- Que te cueste tanto ser tú mismo(a) y conectar con tus necesidades.
- Que te cueste tanto estar presente con tus hijos o jugar con ellos.
- Que te cueste tanto gestionar tus propias emociones y las de tus hijos.
- Que sigas tan enfadado(a), triste, depresivo(a) o angustiado(a).
- Que sigas proyectando y desplazando tus necesidades no satisfechas y emociones reprimidas contra tus hijos y tu pareja.
- Seguir perpetuando lo mismo una generación más.
¿Qué puedo hacer para sanar mi Herida Primaria y que mi Niño(a) Interior no domine mi vida?
Para poder transformar tu vida y sanar tu Herida Primaria es necesario tomar consciencia y sobre todo tomar acción.
Hay 4 pasos para poder realmente transformarnos:
1. Tomar consciencia de aquello que necesitamos mejorar/cambiar.
2. Tomar la decisión de cambiar.
3. Comprometernos firmemente con la decisión que hemos tomado
4. Tomar acción, hacer realmente algo que nos lleve a realizar ese cambio que queremos.





