Lloro porque estoy triste, lloro varias veces al día, cada vez que lo necesito grito, corro, camino, canto, y vuelvo a llorar para desahogarme, para quitarme la rabia, esa rabia e impotencia porque no tengo el control sobre nada, porque a pesar de hacer todo a mi mano, no pude retenerte físicamente en la tierra, era tu tiempo de partir, pero me cuesta comprenderlo, estoy en mi proceso.
Dame mi tiempo y mi permiso, acompáñame y no juzgue mis emociones, cada emoción es necesaria en mi camino a la sanidad.
Sinceramente a veces me provoca responder “lloro porque me da la gana”, porque es mi hijo, mi padre, mi madre, mi ser amado, porque es parte de mi vida, de mi familia de mi historia, porque me lo pide el cuerpo, porque me permite drenar tanto dolor, miedo, angustia y ansiedad.
Lloro porque no sé dónde poner tanto amor, lloro porque su partida me sorprendió, lloro porque me permite soltar y reconocer mi nueva realidad, donde el amor ya no se toca, sino se siente, donde es intangible, pero real, lloro porque me permite reconocer que necesito más de Dios en mi vida, y darme cuenta una vez más que sola no puedo, que soy humana y vulnerable.

A veces llorar es lo que hay que hacer cuando la vida te da un golpe y eso está permitido, porque es sano cuando sientes que te estás rompiendo a pedazos.
Lloro porque alivia. Lloro porque estoy sobreviviendo y sanando en cada lágrima que riega el jardín de mi corazón.
En cada lágrima puedo sentir el amor sanador del cielo para mí, en cada respiro vuelvo a abrazarte con mi alma. Poco a poco estoy sintiendo un amor que me fortalece y me impulsa a caminar un minuto a la vez.
No tienes que llorar en solitario, únete a nuestra red de apoyo en Telegram: https://t.me/Apoyomilcoloreslife





